
Cuestionarnos las prácticas educativas que se desarrollan en el museo es un ejercicio indispensable para quienes trabajamos en mediación, educación y curaduría educativa. Durante mucho tiempo, las visitas se concibieron como recorridos informativos centrados en la transmisión de datos, fechas y estilos. Sin embargo, hoy sabemos que una visita no se vuelve significativa por la cantidad de información ofrecida, sino por la calidad de la experiencia vivida por los públicos. Esta pregunta nos obliga a revisar cómo planeamos, mediamos y acompañamos el encuentro entre las personas, las obras y los contextos.
Desglosemos los conceptos: La visita, en un sentido general, es el acto de recorrer un museo y entrar en contacto con sus colecciones, espacios y narrativas. Puede ser breve, estructurada o libre, guiada o autogestiva. Sin embargo, una visita puede quedarse en un nivel superficial si no logra activar procesos de reflexión, emoción o apropiación personal.
Por su parte una experiencia significativa, en cambio, implica un proceso más profundo. Es aquella que deja huella, que conecta el nuevo conocimiento con la historia personal del visitante, que moviliza emociones, preguntas y sentidos, y que permanece más allá del momento puntual de la visita. Una experiencia significativa transforma la mirada: modifica lo que el visitante sabe, siente o piensa antes y después del encuentro con el arte.
Desde el paradigma constructivista, el aprendizaje se entiende como un proceso activo en el que las personas construyen conocimiento a partir de lo que ya saben, sienten y han vivido. En este marco, la teoría del aprendizaje significativo de David Ausubel resulta fundamental.
Para Ausubel, el aprendizaje se vuelve significativo cuando la persona relaciona la información nueva con lo que ya sabe (sus conocimientos previos), de un modo no arbitrario y con sentido. En otras palabras: no es memorizar datos, sino integrarlos a una estructura mental previa para poder comprender, explicar, usar y transferir lo aprendido a nuevas situaciones. Resume esta idea con una premisa clave (muy útil para museos y mediación):
- Lo más importante para aprender es lo que el aprendiz ya sabe.
- Por eso, la tarea educativa principal es activar y organizar esos saberes previos para conectar con lo nuevo:
- Estructura Cognitiva: Las personas aprenden cuando el contenido nuevo “encaja” con ideas existentes (conceptos, experiencias, imágenes mentales).
Si no hay un punto de anclaje, el aprendizaje tiende a ser mecánico (se recuerda poco y se olvida rápido). En museo: el anclaje puede ser una experiencia cotidiana (“esto me recuerda a…”), una emoción (“me incomoda…”) o un saber cultural (“en mi comunidad…”), no solo datos escolares.
2. Disposición de aprender: Aunque el contenido sea claro, si el visitante/alumno no tiene motivación o sentido personal, el aprendizaje se debilita. En museo: la motivación suele aparecer cuando se activa curiosidad, emoción, identificación o sorpresa; ahí la mediación es decisiva.
3. Organizadores previos: Son “puentes” iniciales: una idea, metáfora, imagen, pregunta o mapa conceptual que prepara la mente para comprender lo que viene. En museo: un organizador previo puede ser una pregunta potente antes de ver la obra, un dispositivo sensorial, una historia breve, o una comparación con el presente.
4. Considerar la: Diferenciación progresiva: ir de lo general a lo específico, afinando conceptos. Reconciliación integradora: conectar ideas que parecían separadas, encontrando relaciones. En museo: pasar de “es un retrato” → “es un retrato de poder” → “¿qué símbolos lo construyen?” y luego integrar: “poder, clase, género, violencia simbólica”.
Esto implica reconocer que los visitantes no llegan en blanco: traen consigo experiencias, memorias, emociones, saberes culturales y expectativas. Cuando la mediación logra vincular la obra con estos saberes previos, el aprendizaje deja de ser memorístico y se convierte en una experiencia con sentido personal.
Para potenciar una experiencia significativa en el museo, una visita se transforma cuando la sala del museo deja de ser solo un espacio expositivo y se transforma en un entorno de aprendizaje activo, emocional y relacional. Para ello, el papel del mediador es central.
La mediación del arte es el corazón del proceso. No se trata de explicar obras, sino de crear las condiciones para que el visitante dialogue con ellas. El mediador actúa como diseñador de experiencias y facilitador de sentido: observa, escucha, pregunta, acompaña y ajusta la mediación según las respuestas del grupo.
Gracias a esta intervención consciente, la visita se transforma en una experiencia viva, donde el arte deja de ser un objeto distante y se convierte en un disparador de reflexión, emoción y aprendizaje. La visita se convierte en experiencia significativa cuando:
- conecta el arte con la vida del visitante,
- activa conocimientos previos, emociones y preguntas,
- promueve la participación activa y la reflexión crítica,
- y es acompañada por una mediación planeada, sensible y consciente.
En este proceso, el mediador es una figura clave, capaz de transformar el recorrido museístico en una experiencia educativa profunda, humana y transformadora, alineada con los principios del constructivismo y con la potencia pedagógica del arte. ¿Por qué es clave? Porque el mediador:
- detecta saberes previos del público en tiempo real,
- ajusta preguntas y ritmo,
- diseña dispositivos como puentes cognitivos y afectivos,
- y sostiene el paso de “ver” → “interpretar” → “pensar críticamente” → “apropiarse”.
Sin esa mediación, el museo puede quedarse en contemplación o consumo cultural; con mediación, se vuelve experiencia educativa.
Considerar detonar esta experiencia pide al mediador no improvisar e ir más allá del contenido de la exposición o el cedulario:
- Planear la experiencia:
- Qué hace el mediador: define propósito, público, obra(s), tiempo, y el “puente” con saberes previos.
- Ausubel aquí: decides qué conocimientos previos activar y cómo.
- Ejemplo (planeación):
- Obra: retrato de corte. Objetivo: comprender representación de poder.
- Organizador previo: “¿cómo se construye estatus hoy (ropa, marcas, lenguaje, espacios)?”
2. Contacto con la obra:
- Qué hace el mediador: activa cuerpo, atención y primera conexión emocional/sensorial.
- Ausubel aquí: generas el primer “anclaje” (no intelectual necesariamente).
- Preguntas tipo organizador previo: ¿Qué sientes al mirar esta escena?¿Qué detalle te atrae primero y por qué? ¿Qué te dice el cuerpo (distancia, incomodidad, curiosidad)?
3. Sensibilización:
- Qué hace el mediador: afina la mirada, distingue elementos formales y afectivos.
Ausubel aquí: diferenciación progresiva (de lo general a lo específico). - Ejemplo: Del “lujoso” → a “texturas, luz, postura, composición, símbolos”. ¿Qué elementos hacen que parezca “poderoso”?¿Qué emoción fabrica esta imagen?
4. Indagación:
- Qué hace: abre preguntas críticas y conexiones de contexto.
Ausubel aquí: construyes relaciones conceptuales y explicativas. - Ejemplo (museología crítica): ¿Qué relación hay entre estética y poder?¿Quién manda en esta imagen? ¿Cómo lo sabes? ¿Qué voces no aparecen y por qué?
5. Activación:
- Qué hace: el visitante “hace” algo con el contenido.
Ausubel aquí: consolidación significativa por aplicación. - Ejemplos de dispositivos / activaciones (en sala):
- Objetos táctiles (texturas: terciopelo/lana/madera): asociarlas con clase/condición/posibilidades de vida.
- Tarjetas de símbolos (corona, seda, espada, cortinas, columna): eligen 2 y explican qué comunican.
- Marco móvil: encuadrar detalles para evidenciar jerarquías (quién ocupa el centro, quién está al margen).
6. Reinterpretación
- Qué hace: resignifica desde la subjetividad y el presente.
Ausubel aquí: reconciliación integradora (integra emoción, concepto y vida). - Ejemplos: Crear un “contrarretrato” con objetos cotidianos que simbolicen poder actual. Rehacer el “retrato” con roles invertidos (¿quién aparece al centro hoy?) Escribir una cédula alternativa desde una voz ausente.
Se considera el tiempo, el espacio, el tipo de público, los objetivos educativos y los contenidos de la exposición, ademas de las estrategias y recursos necesarios. Integrar a la experiencia en sala los dispositivos de mediación (materiales táctiles, visuales, sonoros, corporales o narrativos) funcionan como puentes entre la obra y el visitante. Bien diseñados, estos dispositivos:
- activan los sentidos,
- favorecen la observación y la comparación,
- detonan preguntas y diálogo,
- y permiten distintas formas de apropiación del contenido.
Esta secuencia potencia el aprendizaje significativo al respetar los tiempos del visitante y al integrar emoción, pensamiento y acción.
Para indagar más:
- Ausubel, D. P. (1968). Educational Psychology: A Cognitive View. Holt, Rinehart & Winston.
- Novak, J. D., & Gowin, D. B. (1984). Learning How to Learn. Cambridge University Press.
- Hein, G. E. (1998). Learning in the Museum. Routledge.
- Falk, J. H., & Dierking, L. D. (2013). The Museum Experience Revisited. Left Coast Press.
- Burnham, R., & Kai-Kee, E. (2011). Teaching in the Art Museum: Interpretation as Experience. Getty Publications.
