Libros PopUp en las visitas mediadas: abrir, explorar y conversar

Los dispositivos educativos integrados a una visita mediada pueden ayudar a que las personas se acerquen a los contenidos de una exposición mediante acciones concretas: observar, manipular, comparar, imaginar, preguntar y compartir ideas. Su propósito no es sustituir las obras ni convertir la visita en una sucesión de actividades; consiste en crear oportunidades para que los visitantes establezcan relaciones más ricas con lo que ven. Para ello, cada dispositivo debe responder a una intención educativa clara y estar vinculado con las obras, los temas y las preguntas que propone la exposición

Entre las posibilidades que ofrecen estos dispositivos se encuentran los libros PopUp, libros cuyas páginas, al abrirse, despliegan estructuras tridimensionales, figuras, escenarios o mecanismos de papel. Algunos incorporan pestañas que se jalan, ruedas que giran, solapas que se levantan o elementos que cambian de posición. Al pasar de una página plana a una composición que surge frente a quien la observa, el libro transforma la lectura en una experiencia espacial y participativa muy potente. En una visita mediada, puede funcionar como una herramienta para acercar temas como composición o perspectiva, mostrar relaciones difíciles de percibir en una imagen bidimensional y despertar preguntas que conduzcan de nuevo a las obras en sala.

Diseñar un libro PopUp no se define solamente por su aspecto atractivo o por la sorpresa que produce al abrirse, su diseño debe partir de una pregunta: ¿qué experiencia queremos que viva el visitante y qué aspecto de la exposición podrá explorar a través del libro? La respuesta orienta la selección de contenidos, la estructura de las páginas, las acciones que se proponen y el vínculo con las obras.

El tema puede abordarse, por ejemplo, mediante un escenario que se despliega, una figura que cambia, una secuencia que se revela al pasar las páginas o un detalle que aparece cuando se mueve una pestaña. Estos recursos de papel adquieren sentido educativo cuando hacen visible una relación: cómo se organiza un espacio, cómo se transforma un objeto, qué elementos componen una escena o de qué manera distintas partes contribuyen a la lectura de una imagen.

La integración del libro a la visita requiere para el mediador planear cuándo (momento metodologíco) y dónde se utilizará (obra u obras): Puede presentarse antes de observar una obra para despertar curiosidad; en una pausa del recorrido, para explorar un aspecto que necesita más atención; o después de la observación, para comparar lo que el grupo vio con una representación tridimensional o secuenciada. La experiencia no debería quedar aislada en la manipulación del papel: el dispositivo puede servir como puente para regresar a las obras con una nueva pregunta o con mayor disposición a mirar.

Un objetivo central es invitar a la observación atenta. El movimiento de una pestaña o la aparición de una estructura puede dirigir la mirada hacia una forma, una relación espacial o un detalle. Quien participa necesita mirar qué cambia, qué permanece y cómo se relacionan los elementos cuando la página se abre, se cierra o se modifica.

El libro también puede hacer comprensibles procesos y secuencias. Una página desplegable permite representar transformaciones, etapas, recorridos o relaciones entre distintos componentes. En una exposición de arte, podría ayudar a explorar cómo se construye una composición o cómo se organiza un espacio representado. En una exposición histórica o científica, puede sugerir cambios en el tiempo, la estructura de un objeto o la relación entre un fenómeno y su entorno. La decisión de qué representar debe corresponder al contenido de la exposición y estar sustentada en información confiable.

Otro objetivo es estimular la imaginación y la formulación de hipótesis. Cuando se abre una página y aparece una figura, los visitantes pueden anticipar, describir o interpretar lo que ven: ¿qué creen que ocurrirá al mover esta pieza?, ¿qué parte del escenario llamó primero su atención?, ¿qué relación imaginan entre estas figuras? La estructura móvil crea una ocasión para expresar ideas que luego pueden ponerse a prueba mediante la observación de las obras.

Además, estos libros pueden propiciar conversación y colaboración. Varias personas pueden mirar una página a la vez, decidir quién mueve una pieza, proponer interpretaciones y comparar lo que cada quien observa. En un grupo, la construcción compartida de sentido es tan importante como el resultado visual. Las respuestas no tienen que coincidir: las diferencias pueden abrir nuevas preguntas y ayudar a mirar desde más de una perspectiva.

La interacción con un libro PopUp comprende más que pasar las páginas. El visitante puede anticipar qué ocurrirá, elegir una pestaña, accionar un mecanismo, describir los cambios, comparar las escenas y relacionar lo que aparece con los objetos o las imágenes de la exposición. Cada movimiento ofrece información visual y una oportunidad para detenerse a pensar.

Una secuencia sencilla podría comenzar con una invitación a observar la cubierta o una página cerrada: ¿qué imaginan que encontraremos al abrirla? Después, el grupo activa el mecanismo y describe lo que aparece. La persona mediadora puede preguntar qué elemento se encuentra adelante o atrás, cuál parece ocupar más espacio, qué cambió y qué pistas ofrece la página. Finalmente, puede invitar a buscar en la exposición una relación posible con una obra o con un tema de la muestra.

La interacción debe permitir que los visitantes tomen decisiones. Si cada pestaña produce una respuesta completamente predeterminada y la consigna consiste solo en accionarla, el uso puede reducirse a una demostración mecánica. En cambio, si el libro permite comparar, explorar y conversar, el mecanismo se convierte en parte de una experiencia de interpretación. Quien media puede proponer acciones sin cerrar el significado: observar una página desde distintos ángulos, decidir qué detalle describir primero o imaginar qué sucedería si un elemento se desplazara.

También es importante contemplar distintos ritmos y formas de participación. Una persona puede accionar el libro; otra puede señalar detalles, narrar lo que ve o escuchar las interpretaciones del grupo. En una actividad colectiva, los visitantes pueden turnarse, acordar qué mecanismo activar o comparar las observaciones de quienes han mirado la misma página desde diferentes posiciones.

Un libro PopUp puede:

  • Representar los componentes de una composición mediante elementos que se despliegan en planos distintos. La mediación puede invitar a observar cuáles parecen estar más cerca, cuáles se encuentran al fondo y cómo se organiza el espacio. Después, el grupo puede buscar en una obra de la exposición recursos comparables: superposiciones, contrastes, relaciones entre figura y fondo o direcciones que conduzcan la mirada. La comparación no exige que la obra y el libro sean iguales; permite reconocer decisiones visuales y conversar sobre sus efectos.
  • Mostrar un cambio mediante pestañas, capas o estructuras que se abren progresivamente. Quien media puede preguntar qué cambió entre una posición y otra, qué elementos intervienen en la transformación y qué información aparece en cada etapa. Luego, puede enlazar la secuencia con las obras o los contenidos de la exposición. En una muestra histórica, por ejemplo, el libro podría representar la evolución de un objeto o de un espacio; en una muestra de ciencias, una transformación observable. En ambos casos, debe distinguirse con claridad entre la representación esquemática del libro y la información documentada.
  • Destacar detalles que suelen pasar inadvertidos en una primera mirada. Una solapa puede revelar una zona de la imagen; una pieza móvil puede mostrar cómo cambia la lectura al desplazar un elemento; una estructura tridimensional puede permitir imaginar diferentes perspectivas. La persona mediadora puede preguntar qué ven ahora que no habían observado antes y qué relación guarda ese detalle con el conjunto. Después, el grupo vuelve a la obra para comprobar qué puede observar directamente.
  • Servir como punto de partida para crear relatos. Los visitantes pueden describir quién o qué aparece, imaginar qué ocurre antes o después de la escena y explicar en qué indicios basan sus ideas. La mediación puede diferenciar entre lo que efectivamente se observa y lo que cada persona infiere o imagina. Esta distinción enriquece la conversación sin limitar la creatividad: ayuda a sostener las interpretaciones en elementos visibles y a reconocer que una misma obra puede suscitar lecturas distintas.
  • Ofrecer una representación simplificada, ampliada o tridimensional de un aspecto presente en la exposición. Tras explorarla, el grupo puede buscar semejanzas y diferencias con la obra: qué se muestra de manera distinta, qué se omitió, qué resulta más visible en el libro y qué solo puede apreciarse al observar la pieza original. Esta comparación ayuda a entender que todo dispositivo interpreta y selecciona; no reproduce la obra de manera neutral ni la reemplaza.

Ofrecer una representación simplificada, ampliada o tridimensional de un aspecto presente en la exposición. Tras explorarla, el grupo puede buscar semejanzas y diferencias con la obra: qué se muestra de manera distinta, qué se omitió, qué resulta más visible en el libro y qué solo puede apreciarse al observar la pieza original. Esta comparación ayuda a entender que todo dispositivo interpreta y selecciona; no reproduce la obra de manera neutral ni la reemplaza.

La función de quien media

El libro PopUp propone acciones, pero la mediación ayuda a relacionarlas con preguntas y contenidos de la exposición, quien acompaña la visita puede presentar el dispositivo con una consigna breve, observar qué despierta el interés del grupo y ajustar la conversación según las respuestas. En vez de explicar de inmediato lo que cada elemento “significa”, puede comenzar por preguntar qué observan y qué les hace pensar eso.

Durante la interacción, el mediador puede recuperar comentarios, pedir que se señalen los indicios que apoyan una interpretación y abrir espacio para comparar puntos de vista. También puede invitar a trasladar la observación a la sala: ¿qué detalle de la obra les recuerda esta página?, ¿qué diferencias encuentran?, ¿qué descubrieron al volver a mirarla? Así, el dispositivo contribuye al diálogo entre la experiencia de manipular y la experiencia de observar.

La mediación incluye decidir cuándo intervenir y cuándo dejar que el grupo explore. No toda pausa necesita llenarse con información; puede ser útil permitir que los visitantes miren, accionen el mecanismo y comenten entre sí. Si surge una pregunta que requiere datos históricos o técnicos, quien media puede aportar información contextual y después devolver la atención a la obra: qué cambia en su lectura al conocer ese dato y qué observan ahora.

La fabricación y el mantenimiento también forman parte de la calidad educativa del dispositivo. Los mecanismos deben soportar el uso frecuente, las piezas móviles deben estar bien sujetas y los materiales han de poder limpiarse y repararse. Si el libro es delicado, puede establecerse un modo de manipulación que proteja sus estructuras sin impedir la participación. La conservación del dispositivo y la libertad de exploración pueden planearse conjuntamente mediante materiales resistentes, instrucciones claras y acompañamiento oportuno.