Hablar de gestión cultural es hablar de una actividad que muchas veces permanece detrás de las exposiciones, los programas educativos, los festivales, las publicaciones y las experiencias que vivimos en los museos. Cuando una exposición abre sus puertas, una comunidad participa en un proyecto patrimonial o un museo establece una alianza con otra institución, existe un trabajo previo de investigación, planeación, diálogo, administración, negociación y seguimiento. La gestión cultural hace posible que una idea encuentre las condiciones necesarias para convertirse en una experiencia cultural con sentido.
Durante muchos años, buena parte de este trabajo fue realizado por promotores culturales, educadores de museos, investigadores, artistas, comunicadores y responsables de espacios culturales que aprendieron a gestionar desde la práctica. Con el tiempo, la complejidad de los proyectos, la necesidad de administrar recursos, la búsqueda de financiamiento y la vinculación con comunidades, instituciones y públicos hicieron visible la necesidad de profesionalizar esta actividad. Así comenzó a consolidarse la figura del gestor cultural como un agente capaz de conectar los contenidos culturales con las personas, los territorios, las políticas institucionales y los recursos disponibles.

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