La gestión cultural en los museos: articular personas, proyectos y sentidos

Hablar de gestión cultural es hablar de una actividad que muchas veces permanece detrás de las exposiciones, los programas educativos, los festivales, las publicaciones y las experiencias que vivimos en los museos. Cuando una exposición abre sus puertas, una comunidad participa en un proyecto patrimonial o un museo establece una alianza con otra institución, existe un trabajo previo de investigación, planeación, diálogo, administración, negociación y seguimiento. La gestión cultural hace posible que una idea encuentre las condiciones necesarias para convertirse en una experiencia cultural con sentido.

Durante muchos años, buena parte de este trabajo fue realizado por promotores culturales, educadores de museos, investigadores, artistas, comunicadores y responsables de espacios culturales que aprendieron a gestionar desde la práctica. Con el tiempo, la complejidad de los proyectos, la necesidad de administrar recursos, la búsqueda de financiamiento y la vinculación con comunidades, instituciones y públicos hicieron visible la necesidad de profesionalizar esta actividad. Así comenzó a consolidarse la figura del gestor cultural como un agente capaz de conectar los contenidos culturales con las personas, los territorios, las políticas institucionales y los recursos disponibles.

Échale un ojo a tus monumentos: aprender a mirar, interpretar y cuidar el patrimonio arquitectónico

Un programa educativo del INAH que acerca a niñas, niños y jóvenes al patrimonio arquitectónico de sus comunidades, no como espectadores pasivos, sino como observadores, intérpretes, divulgadores y participantes activos en su conservación.
En muchas ciudades y poblaciones de México, niñas, niños y jóvenes pasan diariamente frente a edificios históricos sin conocer su origen, su función, sus transformaciones o las historias de las comunidades que los han habitado. Los monumentos forman parte de su paisaje cotidiano, pero esa cercanía física no siempre genera conocimiento, valoración o compromiso.

28 de junio: comunidades LGBTTTIQ+ en la transformación del museo.

Repensar el 28 de junio desde la colectividad LGBTTTIQ+ y museologías trans, cuir y disidentes implica reconocer que el museo no es neutral. Es una máquina de legitimación, pero también puede ser una plataforma de reparación simbólica, escucha y producción compartida de conocimiento. La pregunta central no es: “¿qué actividad haremos para el Orgullo?”
La pregunta es: ¿qué debe cambiar en nuestra estructura para que las personas, memorias y comunidades LGBTTTIQ+ no aparezcan solo como tema, sino como parte activo de la vida del museo? Un museo verdaderamente inclusivo no es el que tolera la diferencia, sino el que permite que la diferencia transforme sus formas de mirar, nombrar, ordenar, conservar, investigar y mediar.

18 de mayo:“Museos uniendo un mundo dividido”

El ICOM propone este lema para el 18 de mayo de 2026 con una idea clara: los museos pueden actuar como puentes frente a las divisiones culturales, sociales y geopolíticas, favoreciendo el diálogo, la comprensión, la inclusión y la paz. La acción no debería limitarse a abrir gratuitamente las puertas, organizar una visita guiada o diseñar…

El libro en la obra de arte

El libro es una de las invenciones culturales decisivas en la historia de la humanidad, ya que ha permitido conservar ideas, transmitir conocimientos, registrar experiencias, imaginar otros mundos y dialogar con personas de épocas remotas. Allí donde la memoria oral encontraba límites naturales en la transmisión de la cultura, identidad y saberes acumulados de generación…

Arte/diversidad e identidad, otredad y representación

Pensar lo humano en diversidad implica reconocer que no existe una única manera de ser, vivir, sentir o habitar el mundo. La experiencia humana se construye desde múltiples identidades atravesadas por la cultura, el género, la lengua, la memoria, el territorio, la corporalidad, la edad y las historias personales y colectivas. En este sentido, la…

Preguntas: ¿Quién decide qué entra a la colección y qué no? ¿qué criterios imaginas detrás de esa selección?

Desde los planteamientos de Hooper-Greenhill, no “decide” una sola persona en abstracto: decide una red institucional (dirección, curaduría, comités de adquisiciones, patronatos, Estado/autoridades, donantes y, a veces, el mercado) operando dentro de un marco histórico de conocimiento y de relaciones de poder. La clave es que esa decisión nunca es neutral: al seleccionar, el museo construye lo visible y define qué cuenta como conocimiento legítimo en ese momento.

Tecnología, imaginación y cuerpos en la experiencia cultural y artística

Repensar la experiencia cultural y artística hoy exige mirar de frente tres dimensiones que atraviesan de manera profunda la educación contemporánea: la tecnología, la imaginación y los cuerpos. Valorarlos como aspectos de lo humano que reorganizan la manera en que percibimos, aprendemos, creamos, participamos y construimos sentido, cultura y expresión artística. En el ámbito de la escuela, el museo y otros espacios culturales, estas tres dimensiones plantean preguntas de fondo sobre qué entendemos por experiencia educativa y qué condiciones hacen posible una relación significativa con el arte y la cultura.

Pregunta: ¿Qué cosas se vuelven visibles en la sala y cuáles quedan fuera de cuadro (temas, grupos, historias, emociones)? ¿qué te hace pensar eso?

Desde Hooper-Greenhill, lo que se vuelve visible en una sala no es lo “naturalmente importante”, sino lo que el museo construye como visible mediante tres operaciones: selección (qué objetos entran), clasificación (qué categorías y jerarquías los ordenan) y exposición (cómo se ponen en escena: textos, recorridos, vitrinas, iluminación, escala, ubicación). En otras palabras: la sala muestra un mundo, pero ese mundo está editado.