Tecnología, imaginación y cuerpos en la experiencia cultural y artística

Repensar la experiencia cultural y artística hoy exige mirar de frente tres dimensiones que atraviesan de manera profunda la educación contemporánea: la tecnología, la imaginación y los cuerpos. Valorarlos como aspectos de lo humano que reorganizan la manera en que percibimos, aprendemos, creamos, participamos y construimos sentido, cultura y expresión artística. En el ámbito de la escuela, el museo y otros espacios culturales, estas tres dimensiones plantean preguntas de fondo sobre qué entendemos por experiencia educativa y qué condiciones hacen posible una relación significativa con el arte y la cultura.

Diseñar una buena experiencia no consiste solo en “dar más información”, sino en crear condiciones de encuentro.

Volver a revisar Learning from Museums (2000), John H. Falk y Lynn D. Dierking, a pesar del tiempo implica romper (en constante) con una idea muy cómoda para algunos museos con visión tradicional (que operan más de lo que quisieramos): “si la exposición es buena, el visitante aprenderá lo que el equipo quiso comunicar”. Ellos muestran que la experiencia en el museo es un evento situado, no una transferencia de contenidos. El aprendizaje ocurre como proceso y producto (verbo y sustantivo), es acumulativo y se construye a lo largo del tiempo, no solo dentro de la sala del museo en una exposición temporal o permanente. 

Pregunta: ¿educación o mediación?

La reflexión sobre estas preguntas aparece con fuerza al leer a Mila Chiovatto sobre los enfoques de educación y mediación, nos lleva a pensar qué tipo de experiencias estamos diseñando en el museo, qué lugar ocupa el educador en la institución y qué evidencias tenemos de que nuestro trabajo realmente transforma algo.