


Partimos de la idea que nuestra experiencia del visitante en el museo implica hacer una lectura de imágenes, signos, códigos visuales que hay que ir develando. Durante la visita se inicia un proceso de narración a través de la propuesta museográfica (espacios, colores, soportes) de la curatorial que se apoya en las obras seleccionadas para la muestra. También, cada obra u objeto tiene un potencial narrativo importante, el objeto como medio de comunicación (García Blanco,1999), de significado objetivo y subjetivo que se pone en marcha.
Algunos museos brindan herramientas para ayudar a los visitantes a interpretar los signos que el artista ubica en la obra: la del personaje representado o la del momento histórico en que se creo o las posibles proyecciones hacia futuras acciones. Sin embargo, este proceso no siempre se lleva a cabo, los públicos permanecen pasivos ante lo que ven y probablemente solo se cuenta una sola historia (la del curador) que se reafirma durante el recorrido por el museo. Los visitantes necesitan activar su experiencia de visita, realizando diversas acciones en las que la observación de la obra es la llave de acceso al proceso de interpretar la obra y contar su historia, y la personal con ella.

Este es un ejercicio de lectura y construcción creativa sobre la obra de arte, que se puede sistematizar en cada visita. Para iniciar el proceso, es necesario involucrarse en una experiencia de indagación, aprendizaje sobre el arte y sobre si mismos. Las historias se construyen, crecen y se transforman en cada visita, con cada grupo de personas y en circunstancias especiales a nivel personal o colectivo.
Desde los enfoques educativos y museológicos, la visita al museo posibilita la reflexión crítica, participativa, activa en estos espacios creativos, de aprendizaje, en donde todos pueden construir su propio conocimiento, desde una participación activa con otros, en donde el diálogo y la construcción conjunta de saberes e historias ayuda a más personas a tener una vivencia significativa con el arte y con cualquier otro tipo de patrimonio y los relatos que todos pueden construir.
Para acercarnos a la obra u objeto, es necesario:
- Darse un momento en silencio para apreciarla sin ideas previas, sin predisposiciones o influencias. Sería interesante no revisar la cédula de la obra para tener una experiencia inicial lo más libre posible.Lo que queremos en este primer momento, afinar la mirada y dar un espacio más grande a la observación VS mirar la muestra.
Desafortunadamente, en muchas ocasiones, encontramos a algunos visitantes, incluso nosotros, recorriendo la exposición , pasando rápidamente de una obra a otra, «mirando» cada pieza, sin dar un espacio real a la percepción de la misma, mas allá de lo que dicen las cédulas de cada objeto. Nos quedamos con el relato que el museo nos cuenta sobre determinado tema, artista o época.

Hacer contacto con la obra, permite abrir la percepción de manera global hacia las primeras impresiones sobre el cuadro. Iniciar entonces el proceso de narración, que nos plantea los elementos generales de la obra, como la lectura de un libro al leer la sinopsis del mismo. Se perciben a los personajes, el escenario en el que sucede la historia, las dimensiones de la misma, así como la relación que tiene eso que observo con cada persona frente a ella. Para iniciar la narración nos podemos preguntar ¿Qué sucede en esta obra? y responder a ella con los mayores detalles posibles.
2. Este proceso incluye, el reconocimiento de las sensaciones que provoca la obra en cada uno, a partir de cada estímulo contenido en ella. Los sentidos se hacen conscientes para percibirlo todo: desde el olfato, el tacto, la vista, el gusto, el sonido, así como la memoria episódica que la obra detona. En este caso, la experiencia en el museo suele ser básicamente a partir de lo visual; para sacar el mayor provecho se requiere de la mediación de un educador o contar en sala con recursos museográficos para que la experiencia sea lo más detonadora posible y ayude a construir la narrativa. Para las personas con discapacidad auditiva o visual, e incluso intelectual, algunos museos crean herramientas o mecanismos de mediación para apoyar estas primeras percepciones y sensaciones a partir de pictogramas, audiodescripciones o recursos táctiles.

3. Generar el punto de contacto con las emociones, sean agradables o desagradables, suman contenido a la historia que se comienza a construir. Pueden considerar las emociones básicas, según Daniel Goleman son: ira, tristeza, miedo, alegría, amor, sorpresa, aversión y vergüenza (Goleman, 1996, pp.432-433). Se plantea que todos contamos con una inteligencia emocional que podemos » utilizar esta información para guiar nuestro pensamiento y nuestras acciones” (Salovey y Mayer, 1990, p.189).
Las emociones asociadas a la obra, permiten penetrar una capa más profunda, escuchar a otros y ser escuchados. Iniciar una conversación con el cuadro forma parte de la narrativa, teje y engancha la trama, como una puerta, o ventana por la que «entramos a la obra», para descubrir sus misterios e historias paralelas al relato central que nos propone el artista. Aquí, surgen preguntas como ¿Qué te hace sentir esta obra? y detrás de cada emoción se engarza una historia personal que se suma a la lectura conjunta.

4. Las experiencias previas surgen y contactan con aquellas memorias personales compartidas, en donde el tiempo entra en acción. La temporalidad en la obra es fundamental y preguntarse: ¿Cuándo sucede la escena de este cuadro? contextualiza la historia, también aquellas de quienes observan. Los elementos de la obra llevan a quien observa, a recapitular sus vivencias personales en sitios, momentos o personas similares a los que nos recuerda: ¿Esta obra te recuerda algo de tu propia vida?
5. Los conocimientos previos sobre la obra asocian saberes relacionados con lo histórico, geográfico, biológico, artístico, social, económico o alguna otra disciplina. Este bagaje cultural aporta contenido formal a la historia de la obra: la trama, la época, el personaje o el contexto en el que se desarrolla la escena representada en el cuadro. Preguntarse ¿Sabemos algo sobre esta obra? ¿sobre su técnica? ¿sobre el artista que la pintó? En este punto, también se pueden establecer vínculos con respectos comunes a otros artistas.
Estos primeros acercamientos, son puntos de encuentro entre la obra y quienes la observan y van construyendo nuevas narrativas contenidas en ella y aquellas que se asocian con todos. ¿Existe una sola forma de contar esta obra?

6. Asociar las percepciones, sensaciones, emociones, experiencias y conocimientos previos, permite sensibilizarse con aquellos elementos formales de la obra de arte como el color:
- Como detonador que provoca la mirada para acercarse más y ver más detalles en ella.
- Refuerza a través de sus códigos visuales la trama que se quiere contar.
- Existen cálidos como los rojos, amarillos, naranjas (acercan o destacan algo en la escena) o aquellos fríos como azules, violetas o marrones (lejanía, profundidad, etc): cada uno de ellos detona en quien los ve o los percibe esas sensaciones cercanas, llamativas o más distantes o dramáticas.
- ¿Qué colores vemos en esta obra? ¿cuál es el color que predomina en este cuadro? ¿qué sucedería si cambiáramos los colores de esta pieza?

Estos colores y su gama cromática serían como la psicología del personaje(s), es decir, nos cuentan su carácter, modo de ser y de actuar. Estos aspectos nos permiten ver sus matices, reacciones, pensamientos, sentimientos, comportamientos o reflexiones. Los elementos del arte nos permiten vestir la obra, la trama al personaje y sus diversos aspectos.
7. Las líneas y formas plantean la estructura visual y narrativa de cada aspecto o elemento que tiene el cuadro. Las primeras crean las segundas, unas son naturales que casi siempre son orgánicas, otras realizadas por la mano del hombre, nos proponen aspectos visuales más rectos, angulosos o cortantes. Unas formas son naturales como plantas, rocas, nubes, animales o personas; otras arquitectónicas, en casas o ciudades; ambientes interiores con muebles o transportes como trenes, autos. Responder a la pregunta ¿Qué te hace pensar que esa figura, forma u objeto es central?

8. La composición ayuda a observar de que manera colocó el artista todos los elementos, Este esqueleto, ubica dichos componentes y los coloca de una forma particular, a partir del énfasis que se quiera dar a la obra. Responder: ¿En dónde está pasando esto? Así como en la literatura o el teatro, hay una composición dramática en forma de comedia, tragedia o drama; en la pintura, el artista cuenta con diferentes géneros que también marcan el ritmo de la obra: paisaje, retrato, bodegón, histórico o costumbrista, dando pautas generales a la misma.
9. El artista juega con el espacios en donde todo sucede en la escena (los que son ocupados y los que no). Preguntarse y responder ¿qué está cerca nuestro? y ¿qué lejos? ayuda estructurar la trama. Considerar que el espacio puede ser positivo (la que ocupa el objeto) o negativo (el que está entre, a través, alrededor o dentro de los objetos) pueden dar dramatismo a la narrativa.

10. La perspectiva, pone énfasis en la posición, el volumen o el lugar que ocupan los personajes u elementos en el espacio con respecto al ojo de quien observa. Además, este factor agrega un aspecto determinante en la composición de la obra: los niveles o planos en los que cada uno se encuentra, así como las relaciones o tramas que se pueden generar entre ellos (cercanas o lejanas). Responder a: ¿cómo colocó el artista los elementos de esta obra? ¿qué nos dicen sobre esta historia? ¿qué relación existe entre los personajes? ¿Qué están haciendo juntos? ¿hacia donde los lleva?
El lugar que ocupa la obra en la sala a partir de la propuesta curatorial como relato de un guión que se construye, establece un diálogo con otras historias o aspectos que amplían, profundizan o condicionan la narración. Sobre ello, Rufino Ferreras menciona en su conferencia El museo como relato, de qué manera el museo (desde una propuesta más tradicional), puede crear una sola vía para explorar la exposición, solo desde la voz del investigador «este condicionamiento puede darse al clasificar, organizar y establecer una narrativa casi siempre lineal». (Ferreras, 2018).
Por ello, es importante ser conscientes de cómo se replican estos relatos aprendidos y darse cuenta de que se pueden construir otras narrativas, más orgánicas, contemporáneas, vivenciales o hipertextuales, reinterpretando lo que esta estructura artística y pictórica representa. Importante responder a: ¿De cuantas formas podemos contar esta obra? Si el personaje principal fuera otro ¿cómo cambiaría la historia?

11. Integrar a la historia, la observación de las texturas, como la forma visual en la que algo se siente o podría sentirse en la realidad: suave, áspero, duro, blando, peludo, esponjoso y rugoso, como aspectos contenidos en la obra que enfatizan la narrativa. El movimiento de los elementos permite enfatizar la narrativa en algún detalle concreto de lo que sucede antes, durante o después de lo que se observa.
Hacernos preguntas, permite contar con más información que se suma a la narrativa creada: ¿Al realizar esta obra de arte, qué materiales y/o herramientas crees que tuvo que realizar el artista? Aquí detonamos las vivencias y experiencias previas sobre las sensaciones y los momentos, lugares y personas que nos las recuerdan. Son la sal y la pimienta del relato. ¿Qué texturas reconoces en la obra? ¿Parece que se mueve? ¿hacia donde?
12. En este momento, hay que profundizar en la construcción del relato en niveles más complejos y profundos de las narrativas de la obra. Hacerse más preguntas en este punto, permitirá organizar las ideas y recopilarlas para construir una trama atractiva e interesante. Si el visitante se acerca al cuadro como un texto: ¿Qué otras preguntas nos haríamos? ¿Qué sucedió antes? ¿Qué podrá suceder después? ¿Cómo acabaría esta historia? ¿Cuál debe ser el título de este cuadro? ¿Qué podemos pensar a partir de esta historia? ¿Podemos concluir que esta obra…? ¿Cómo puede esta obra de arte cambiar la vida de la gente que la observa?
El relato indaga y suma ideas que lleven hacia el cierre de la historia sobre:
- Las tensiones de los personajes.
- Los cambios del contexto en el que se desarrolla la obra.
- El desenlace de la problemática que nos cuenta o intuimos.
- La historia personal y colectiva que se entreteje.
- El autor y quien observa.
- El impacto en la vida presente.
- La sociedad actual o el tiempo en el que surgió la obra.

Todo este proceso creativo en la construcción de el relato sobre una obra, es una activación de alguna de las siete habilidades de pensamiento e inteligencias múltiples: lingüística, interpersonal, intrapersonal, visual-espacial; la observación, comparación, planteamiento de hipótesis, entre otros. El ejercicio necesita ser constante y en cada ocasión se va a agudizar más la visión, la percepción y la construcción de narrativas que sumen alternativas reflexivas sobre el arte, el patrimonio y los museos.
Próximo artículo del blog: Narraciones en acción…
