Desde los planteamientos de Hooper-Greenhill, no “decide” una sola persona en abstracto: decide una red institucional (dirección, curaduría, comités de adquisiciones, patronatos, Estado/autoridades, donantes y, a veces, el mercado) operando dentro de un marco histórico de conocimiento y de relaciones de poder. La clave es que esa decisión nunca es neutral: al seleccionar, el museo construye lo visible y define qué cuenta como conocimiento legítimo en ese momento.
