Para responder a la pregunta, desde el enfoque de un educador de museos, y desde el enfoque de Mila Chiovatto, la evidencia para demostrar el valor educativo no puede reducirse a cuántas personas atendimos, porque ese criterio nace de una lógica “falsa” que confunde calidad con volumen y eficiencia económica (inversión vs. número de atendidos).
