¿Qué es el arte?

La belleza del mundo natural nos prepara para la belleza del arte.

Albert Barnes

¿Qué es el arte? ¿Cómo se mira una obra de arte? ¿Es necesario que cualquier expresión artística: melodía, cuadro, escultura o arte contemporáneo sea entendida? ¿Qué buscamos cuando nos paramos frente a una obra de arte?

La respuesta a algunas de estas preguntas no es rápida ni única, se desprende de una necesidad de no dar nada por hecho, de ver el mundo y el arte con una mirada fresca, nueva desde un aprendizaje continuo y constructivo, para reflexionar sobre estos conceptos que fundamentan las visiones y formas de ser en el mundo. Desde los museos de arte en ocasiones se da por sentado que los visitantes «ya saben» sobre lo que hablamos entorno al arte, sus obras y demás temáticas vinculadas o los públicos piensan que «deberían sabe de arte» y lo que se vincula con él. Sin embargo, desde los planteamientos de la museología, pedagogía crítica y la construcción de un pensamiento crítico tanto en la escuela o en espacios culturales como los museos se hace necesario el cuestionamiento sobre lo que entendemos sobre estos temas, contrastarlos y reflexionar juntos.

Este proceso de actualización conceptual, referencial y experiencial que llevan a cabo profesionales de museos, artistas, profesores de arte, de educación en todos los niveles y diversos públicos implica adentrarse e indagar sobre ámbitos muy complejos, el arte, su expresión e interpretación, casi como ver las diversas caras de un prisma: el arte como una disciplina, área de conocimiento, expresión, medio de comunicación, experiencia de aprendizaje, así como las relaciones del arte con las personas, las formas de pensamiento artístico, el movimiento, tiempo, las experiencias estéticas y de la vida cotidiana que son valiosas. Se pueden identificar los ámbitos en los que se manifiesta el arte: desde aquel que le da origen (idea, materiales y proceso creativo) con la creación del artista; la investigación en Universidades (estado del arte), centros especializados sobre sus manifestaciones a lo largo del tiempo; la formación sobre arte que se da en las escuelas y el consumo cultural, entre otros. Aquí nos acercaremos a algunos de ellos que pueden ayudar a reflexionar juntos y construir nuevas lecturas o yuxtaposiciones.

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El arte como producto y fin. El patrimonio material que tiene las diversas culturas dan cuenta de quien son y de sus manifestaciones principales a lo largo del tiempo, por ello existe un énfasis en destacar los sitios patrimoniales. ciudades, zonas arqueológicas y edificios históricos; de la misma manera la preservación de la obra plástica, escultórica, musical, poniendo énfasis en la importancia del objeto. En el ámbito de la educación formal y la estructura curricular de las materias artísticas y los museos de arte se plantea una forma conceptual de las salas de exhibición basada en la relevancia de los contenidos, los objetos artísticos y los productos del arte en todas sus manifestaciones. Los procesos museológicos, curatoriales y educativos se basan en la investigación sobre los artistas, sus obras, etapas, época e influencias es fundamental para divulgar y transmitir dicha información a estudiantes o visitantes.

Cobran relevancia la revisión de los acervos y contenidos en los museos, la construcción de los guiones curatoriales, catálogos y conferencias, cursos especializados; giran entorno a las obras el estudio de la producción artística, historiografía del arte, los artistas, los géneros, corrientes artísticas, las técnicas, soportes, materiales y el contexto: época, influencia, lugar, orígenes, social, cultural y económico; mecenazgos y patrocinios.

El arte, a través de su historia y de sus historias, nos muestra quienes somos como civilización; abre la puerta para que nos reconozcamos en los otros

Antonia Muñiz de la Arena
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Reconocimiento de la obra de arte como medio de comunicacion. Desde esta visión los artistas desarrollan su proceso creativo a través de diversos lenguajes como formas de expresión artística que al interactuar con: estudiantes, espectadores o visitantes de museos establecen puntos de contacto y comunicación. Esta implica un emisor, un receptor y un mensaje que se pueda establecer bidireccionalmente; los museos se enfrentan a ello para ayudar a los públicos a establecer ese intercambio abierto, fluido, de dialogo, escucha y reflexión desde la mediación e interpretación del patrimonio.

Angela García Blanco ya en los años noventa menciona que el patrimonio (en este caso el artístico) es el soporte material de significados concretos, tiene un lenguaje propio al que hay que acercarnos y reconocer sus códigos; en las obras artísticas de los museos hay un lenguaje visual: elementos (punto, línea, forma, color, luz, composición, etcétera) que nos transmiten un determinado significado. Lo que nos rodea es percibido como signos que son codificados por nosotros y con los que establecemos relaciones a nivel perceptual, emotivo, objetual o conceptualmente: un dibujo, objetos, las palabras o elementos que nos rodean como el arte, la ciencia, etc.

Desde la museología del objeto, «enmarcada bajo el paradigma positivista, destaca aspectos como la clasificación taxonómica y sistemática de las piezas, lo que trae como consecuencia un mero aparato comunicativo y no como medio de comunicación (por la ausencia de un visitante experto que logre interpretar por sí solo el mensaje), tiene una estrategia comunicativa denominada estética o contemplativa ya que pondera la mirada y una posición estática del visitante» (Torres, 2005) . Un acercamiento al arte desde el análisis semiótico de las obras, es posible que las personas pueden establecer un proceso de producción de sentido y de acción de los signos en diferentes niveles: la imagen y sus formas; la fenomenología de la percepción: reconocer los colores y atributos; definir los objetos y analizar los conceptos que refleja; se integra así la concepción del lenguaje plástico y la metáfora visual en donde también el arte tiene relaciones con el presente.

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Una forma de pensar y adquirir conocimiento y su utilidad no es colocar piezas en un museo, sino la de ayudar a la imaginación.

Luis Canmitzer

El arte y la educación. En el caso de la didactica de las artes plásticas y visuales han tenido una relación muy estrecha desde la formación en las escuelas, pero también en el ámbito del museo en donde el educador, mediador o guía (como suele llamárseles) se han transformado de reproductores de contenidos a detonadores de aprendizajes, cómplices en la construcción de saberes sobre el arte, sus representaciones y coproductores de conocimiento con los alumnos o visitantes. Actualmente la relación entre arte y educación tiene que ver con cuestionar los saberes y problematizar la realidad y la generación de procesos creativos en los visitantes, en donde la percepción, curiosidad y las emociones posibilitan un conocimiento liberador. «En la actualidad hablamos frecuentemente de aprender a relacionar conceptos, defender la interdisciplinariedad, transversalidad y multidisciplinariedad como pilares para avanzar en la educación del siglo XXI» (Muñíz, 2016, página 22)

Así el arte se transforma en un recurso de aprendizaje autónomo en donde los públicos se pueden acercar al lenguaje de los objetos (alfabetización visual y pensamiento crítico visual) que generalmente suele ser codificado en clave científica y que regularmente solo es accesible a los científicos (García Blanco, 2001, página 13); para transitar a la generación de aprendizajes significativos (descubriendo juntos los códigos de significado), para potencial la memoria y los saberes previos de quienes visitan un museo y en donde el arte se trabaje como una resolución de problemas, creación de nuevas combinaciones y procesos . «En definitiva, es situar a la creatividad como clave del desarrollo intelectual del arte y la educación y entenderla como competencia necesaria, tanto del artista como del profesor o los estudiantes» (Acaso, 2018, pág.1437) Reconocer las experiencias, saberes y sentires de los visitantes, dando valor a la duda, la reflexión y la construcción de saberes conjuntos (Aprendizaje por descubrimiento).

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Esta capacidad de transversalidad del arte no debe cegarnos y ocultar su finalidad primera: función expresiva, estética, reflexiva y de autoconocimiento, tanto individual como colectivo.

Antonia Muñiz de la Arena

El arte y pensamiento. Elliot W. Eisner en su libro el Arte y la creación de la mente pone énfasis al papel de las artes visuales en la transformación de la conciencia, en donde aborda la relación subordinada que tienen generalmente las artes en la escuela y el distanciamiento sobre los procesos de la mente; enfatiza el desarrollo de formas complejas de pensamiento que se vinculan a la creación, apreciación estética, las habilidades de pensamiento como la imaginación y las experiencias vinculadas con las percepciones y emociones que permitan replantearse las formas de relación y enseñanza del arte. Este proceso de percepción sensorial y construcción de la mente vincula una relación que puede ser detonada dentro de la experiencia de aprendizaje en la escuela o el museo.

Dentro de este proceso el arte y la curiosidad se establece cuando exploramos el mundo que nos rodea, estamos alertas, nos dejamos sorprender por todo y queremos saber ¿Cómo es eso? ¿Cómo llego ahí? ¿De qué está hecho? ¿lo puedo hacer yo? y muchas más preguntas que se agolpan y que buscan respuesta. La curiosidad implica hacernos preguntas, establecer un vehículo y apropiarnos del entorno para construir nuestro conocimiento, experimentando (maestros-alumnos; educadores-visitantes y artístas) con materiales, temas, emociones: ¿Qué color tendría la tristeza? personas u objetos ¿Qué pasaría si pudiera representar un objeto desde diversas perspectivas? etcétera. Así las personas como observadores, visitantes, curiosos, necesitan hacerse preguntas sobre lo que observan y perciben en el museo, en una ciudad histórica, escuchando un concierto, viendo una obra de arte, entre otras expresiones artísticas: ¿Por qué el arte es así? ¿Por qué ese cuadro me emociona hasta las lágrimas?

Hagamos un ejercicio, jugando a preguntarnos y en donde lo importante no sean las respuestas, sino el ejercicio de preguntar.

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El arte y la generación de experiencias.  John Dewey nos plantea que este proceso experiencial integra la conexión que hay que establecer entre la obra artística y la vida cotidiana de la persona (en este caso el visitante de museos) que es necesaria en un entorno que deja de lado la experiencia corporal, los sentidos y el desfase entre «carne y espíritu». La obra de arte nos vincula con aspectos de la vida cotidiana de sus creadores, su época y también se hacer fundamental en el contexto del museo y de quien las observa, establecer un vínculo real con las obras de arte y las posibilidades transformadoras que tienen. Dewey nos enfatiza que la Filosofía del Arte es estéril a menos que nos haga consientes de la función del arte en relación con otras formas de experiencia.

El arte como detonador de percepciones, sensaciones y emociones, nos permite experimentar lo estético como fuente de placer, pero para ello es necesario aprender a ver, a detonar la habilidad de pensamiento que es la observación desde múltiples perspectivas en donde el resto de sentidos se potencian. Eliot Eisner nos propone esclarecer la idea de que el arte es una acción práctica, que es manual y en la que no interviene poco trabajo intelectual; así como lo menciona Rufino Ferreras el arte tiene que ver con el presente, entonces la visita a un museo de este tipo no solo implica una vuelta al pasado y a conocer las historias sobre el artista, la obra y su época, sino que esa obra de arte tiene algo que aportar a nuestra experiencia durante un recorrido o posteriormente cuando hemos llegado a casa.

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El proyecto desarrollado por Albert Barnes y John Dewey para la Barnes Fundation proponía un laboratorio democrático que abordara el tema del arte como experiencia, en donde los participantes podían elaborar ensambles (yuxtaposiciones) que permitían interesar al ojo, estimular la mente, encontrar conexiones y entablar relaciones entre tradiciones y obras en un ejercicio de observación activa del arte que estimula el proceso creativo individual y colectivo. Arte y tiempo. La experiencia con el arte debe ser pausada, dedicar o dedicarnos un momento para estar frente a la obra de arte, crear un espacio en el cual ver insitu la obra (o por otros medios visuales y digitales en las redes), observarla, percibirla, sentirla y conocerla.

El tiempo no solo implica, en este caso la medición que el reloj puede darnos, también ese breve instante de contemplación y diálogo que nos permite encontrarnos con el otro: el personaje, el ambiente, la idea y al artista frente a nosotros, viéndolo realmente a la cara y ver más allá de lo aparente, para comunicarnos con el arte desde lo intuitivo en donde el tiempo es infinito. El vínculo que se puede establecer con el arte también alude al tiempo-memoria que apela a aquellos recuerdos que surgen aquí y ahora a partir de la experiencia sensorial (sonidos, imágenes, texturas, aromas, sabores) que la obra detona; experiencias (personales o colectivas) vinculadas con el espacio, objeto o tema representado en ella y que amplían las visiones sobre el arte tanto en la escuela como en espacios culturales como el museo.

El arte como medio de expresión. Detonador de los procesos mentales y la construcción de sentido que sobre el mundo se hace, permite la experimentación, reinterpretación y transformación de la vida individual y colectiva desde la experiencia científica, cultural o estética. En el montaje de una exposición es posible encontrar testimonios materiales donde los artistas dan muestra de estos procesos a través de sus cuadernos de apuntes, cartas, bocetos y sus obras finales, lo que permite conocer sus búsquedas, inquietudes y procesos de pensamiento artístico. Eisner afirma que la educación incluye un proceso de aprender a crearnos a nosotros mismos, en dónde las artes aportan desde los procesos y sus productos o alcances tanto individuales como colectivos. (Eisner, pp. 13-43)

La obra de arte desarrolla y acentúa lo que es característicamente valioso en las cosas que gozamos todos los días

John Dewey

El arte tiene una relación estrecha con lo humano y con la vida cotidiana de todos, tanto del artista como de estudiantes de arte, espectadores o visitantes de museos; este enfoque propone transitar en estos procesos hacia la experiencia multi e interdisciplinaria para experimentar la obra de arte desde diferentes áreas de la vida. Incluso durante los confinamientos por la pandemia Covid 19 que tiene a miles de personas en casa. El arte y sus manifestaciones transitaron de los Centros culturales, museos, plazas públicas o ciudades patrimonio a los entornos privados (casas).

Se abrió una puerta creativa de toda la humanidad que detonó la expresión artística de muchas personas, como catalizador y punto de anclaje para liberar tensiones, sentirse acompañado, distraerse de las noticias o sentir un bálsamo al espíritu que permitió detonar el diálogo, la escucha y el contacto humano desde las emociones y sensaciones empáticas con otros (vecinos, ciudadanos, familia). Las personas salieron de las casas a los balcones, conjugando las coordenadas espacio-tiempo en donde algunos compartieron su arte y sensibilidad (música y canto principalmente) aportado a otros y a la vida en general. Erick From, psicoanalista, psicólogo social y filósofo humanista define “La creatividad no es una cualidad de la que estén dotados particularmente los artistas y otros individuos, sino una actitud que puede poseer cada persona». Por ello, las personas pueden tomar al arte y la experiencia estética como punto de expansión de la experiencia artística y de formación más allá de la escuela, el centro cultural o el museo, siendo un hilo conductor de manifestación que eleva el espíritu en expresiones que van más allá de lo racional.

Las artes muestran múltiples perspectivas.

Elliot W. Eisner

El arte es movimiento, a veces parece que los objetos expuestos se encuentran en un tiempo-espacio estático, sin embargo, el arte es activo como ya vimos anteriormente, detona ideas, emociones, sensaciones, dudas, vínculos, recuerdos, por lo tanto, está en constante movimiento, incluso aunque aparentemente no lo percibimos. Estas formas de arte más dinámicas e interactivas pueden ir de vuelta (de lo privado de los visitantes a lo público de la cultura) para entrar con su actividad las salas del museo durante una visita, en donde las personas reconozcan su vida y su entorno cotidiano en la experiencia estética, no solo como actividades paralelas, sino como estrategias didácticas que ayude a contactar a las personas con su sensibilidad, percepción, manejo de emociones, sensaciones, tanto individuales como colectivas.

Siendo consientes de estas acciones una sala del museo puede conviertirse sistemáticamente en un espacio dinámico en donde es posible capitalizar el cambio, moverse mentalmente para ver obras distintas, observarlas atentamente y descubrir sus significados a partir de poner en movimiento las propias ideas, las visiones que se tienen sobre ellas. También el movimiento que se establece en el tiempo donde la memoria ( de niños, jóvenes, adultos) interactuando juntos: aportar sus percepciones, contrastes y experiencias distintas; los artistas se mueven hacia nuevos países, culturas, territorios o técnicas pictóricas y escultóricas en donde experimentan y aprenden. Nos sorprendemos incluso cuando una obra que conocemos se mueve a otro espacio o sala y la percibimos de manera distinta y nos puede decir cosas nuevas .

¿Cuánto te mueves en el museo? ¿Cómo se puede mover la obra aunque esté colgada en una pared? ¿Cómo la activarías o moverías tú?

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