
El ICOM propone este lema para el 18 de mayo de 2026 con una idea clara: los museos pueden actuar como puentes frente a las divisiones culturales, sociales y geopolíticas, favoreciendo el diálogo, la comprensión, la inclusión y la paz. La acción no debería limitarse a abrir gratuitamente las puertas, organizar una visita guiada o diseñar una actividad especial
Esta frase propuesta por el ICOM nos coloca ante una pregunta más profunda:
¿qué tipo de museo necesita hoy una sociedad atravesada por desigualdades, guerras, migraciones, polarización, crisis climática, discriminación y pérdida de confianza en las instituciones?
La respuesta no puede ser únicamente operativa, técnica, museográfica o administrativa. Transformar al museo desde este enfoque necesita procesos más sensibles en los equipos del museo, no como sinónimo de debilidad, sino como capacidad institucional para escuchar, reconocer heridas, generar preguntas, así como cuidar los vínculos entre todos los equipos y con sus públicos. Un museo sensible entiende que detrás de cada colección, exposición y actividad hay personas, territorios, memorias, conflictos, silencios y posibilidades de encuentro.
Durante mucho tiempo, los museos fueron pensados principalmente como espacios de conservación, autoridad y transmisión de conocimiento y el visitante va a “recibir” información en diversos formatos (cedularios, videos, catálogos, fichas, etc ). Actualmente, ese modelo resulta insuficiente, Lauro Zavala por ejemplo, plantea que el paradigma emergente cambia la visión del contenido en el centro, hacia el diálogo entre el contexto del visitante y la experiencia de visita, que reconoce la subjetividad, las emociones, el cuerpo y la participación activa como dimensiones educativas esenciales.
La visión desde el museo contemporáneo no solo muestra objetos: activa relaciones. No solo conserva patrimonio: produce condiciones para conversar sobre lo que nos pasa. No solo enseña historia, arte o ciencia: ayuda a interpretar el presente y a imaginar futuros compartidos.
Reconocer que hablar de neutralidad absoluta en los museos es cada vez más difícil de sostener. Es evidente que toda selección de piezas, relato curatorial, ausencia en una sala, forma de nombrar a una comunidad, implica una postura. Por ello, ser sensible a los temas humanos, sociales y políticos no significa convertir al museo en propaganda; significa asumir con honestidad que el patrimonio no vive fuera de la sociedad.
Habla de migración, memoria, género, racismo, discapacidad, medio ambiente, violencia, infancia, derechos culturales o paz no abandona su misión: la actualiza. La hace pertinente. La vuelve necesaria.
El museo no elimina las diferencias, pero puede crear condiciones para que esas diferencias sean comprendidas y tratadas con respeto, ahí se encuentra su potencia ética y educativa.
En este proceso las áreas de educación tienen un papel clave en esta transformación, son, muchas veces, desde mi perspectiva son el corazón del museo:
- Transitan los contenidos y obras del museo más allá de la vinculación curricular asociada a la educación básica.
- Amplían el espectro de públicos a temas sociales y culturales contemporáneos.
- Escuchan a públicos diversos.
- Diseñan mediaciones.
- Crean materiales.
- Trabajan con escuelas, familias, comunidades, personas mayores, infancias, personas con discapacidad, docentes, artistas y organizaciones sociales, entre otros.
- Generan activaciones que incluyen la diversidad de las artes, potencian lo lúdico y creativo, y forman públicos desde la mediación, la inclusión y la diversidad social y cultural.
Sin embargo, el equipo educativo que desea unir un mundo dividido, necesita dar una vuelta más y preguntarse:
| PreguntaS | Posible acción educativa |
|---|---|
| ¿Quiénes no se sienten invitados? | Diagnóstico con comunidades, no solo encuestas de satisfacción. |
| ¿Qué voces faltan en nuestras salas? | Laboratorios de memoria, relatos comunitarios y curadurías colaborativas. |
| ¿Cómo se sienten las personas al entrar? | Recorridos accesibles, mediaciones afectivas y señalética clara. |
| ¿Qué conflictos atraviesan nuestro territorio? | Conversatorios, talleres y programas públicos con enfoque social. |
| ¿Cómo conectamos con otros países y culturas? | Proyectos digitales, correspondencias entre museos y encuentros interculturales. |
Dicha acción educativa está basada en enfoques desde la Museología Social, Crítica y Participativa que implica dar voz a los visitantes (y escucharlos), dejar que tomen decisiones, narren el museo y sus obras desde su propia experiencia, produzcan significados y se reconozcan como parte del museo. Por eso, la inclusión no debe reducirse a “invitar” a públicos diversos, sino a transformar las condiciones para que esos públicos puedan incidir realmente en la vida institucional.
El libro El museo en clave educativa. Miradas diversas, coordinado por Silvana M. Lovay, su principal valor es que no entiende la educación en museos como un “servicio complementario”, sino como una clave transversal para pensar toda la institución: su gestión, sus vínculos con la escuela, su relación con las comunidades, su dimensión ética, su responsabilidad pública y su capacidad de construir ciudadanía.
Los museos unen personas, territorios y contenidos divididos cuando:
- Cuidan la memoria, especialmente la de comunidades históricamente invisibilizadas.
- Crean espacios de diálogo, donde el desacuerdo no sea amenaza sino aprendizaje.
- Promueven accesibilidad, física, cognitiva, emocional, económica y cultural.
- Activan la imaginación social, mostrando que otros futuros son posibles.
- Construyen redes, entre personas, instituciones, países y generaciones.

La aportación de los museos y sus áreas educativas a la vida social no está solo en explicar obras, objetos o documentos, implíca hacer que esos objetos nos ayuden a conversar sobre la dignidad, la diferencia, la justicia, el cuidado y la convivencia.
En un mundo dividido, los museos no tienen todas las respuestas. Pero pueden formular mejores preguntas.
- Pueden ofrecer tiempo para mirar con atención.
- Pueden abrir espacios donde una persona escuche a otra sin necesidad de pensar igual.
- Pueden conectar memorias locales con problemas globales.
- Pueden recordarnos que la cultura no es un lujo, sino una forma de sostener humanidad compartida.
Así el Día Internacional de los Museos 2026 nos invita, entonces, a pasar de la celebración a la responsabilidad, no basta con decir que los museos unen: hay que diseñar prácticas que lo hagan posible; desde la mediación, la curaduría educativa, la museografía accesible, la investigación de públicos y los programas comunitarios, los museos pueden convertirse en laboratorios de vínculo social.

Porque quizá esa sea una de las tareas más urgentes de nuestro tiempo: hacer del museo un lugar donde las diferencias no rompan la conversación, sino que la vuelvan más necesaria.
