Museo colaborativo VS Museos en resistencia. Patricia Torres Aguilar Ugarte.

Colaborar, es un término que en los últimos años se menciona cada vez más en el ámbito del museo. Sin embargo, lograr que estos espacios sean realmente museos colaborativos es todavía un reto al que hay que comprometernos comp profesionales, visitantes y sociedad. Hay todavía retos frente a la resistencia al cambio, a la innovación, a perder el control de la acción en el museo, a nuevos modelos participativos que implican un compromiso real de todos: cambios personales, profesionales y como grupo. Por ello, reflexionar sobre la inclusión del trabajo colaborativo en las acciones cotidianas y prácticas del museo, de los profesionales y de la comunidad de visitantes que acude a ellos es un elemento necesario en el cambio de ecuación.

El integrar los procesos de trabajo colaborativo, implica la revisión de aspectos que pueden reforzar el trabajo de educadores, gestores, curadores, comunicadores, directivos y museógrafos en el día a día. Colaborar, como una estrategia que active nuevos procedimientos, otras forma de concatenar acciones en el desarrollo de cada proyecto; acción necesaria  para que se extienda en más museos, espacios culturales y educativos.

¿Que implicaría iniciar un formato de trabajo colaborativo, no jerárquico de los equipos de trabajo?

Al interior del trabajo en el museo, coordinar un proceso que llevará tiempo y que confrontará a la institución con supuestos, valores y paradigmas que se encuentran por debajo y que reflejan la resistencia al cambio o el reto de trascenderlo para convertirse en un Museo colaborativo. Los objetivos que se pueden plantear para este tipo de trabajo, implicarían la conformación de pequeños grupos de trabajo, para explorar, gestionar conflictos, análisis, reflexionar críticamente sobre su propia práctica en los diversos ámbitos del museo y motivarse tanto individual como colectivamente. Establecer objetivos y metas bien definidas para trabajar en conjunto: 

  • Mostrar, su cadena de acciones, los procesos internos y el impacto que tienen éstas en los visitantes.
  • Hacer evidente, de qué manera la institución promueve, o no, la participación y la reflexión de sus trabajadores en cada proyecto y la que se propone en cada actividad a sus visitantes. 
  • Reconocer, cómo se organizan para el desarrollo de los proyectos y actividades.
  • Evaluar si los visitantes cuentan con herramientas de trabajo colaborativo que estimulan la autonomía que tienen las personas durante su visita.
  • Clarificar, cuál es la visión que tienen todos frente al trabajo colaborativo, vista como oportunidad o como algo que ni siquiera vale la pena iniciar. 
  • Revisar la efectividad y el impacto del trabajo colaborativo en los proyectos expositivos y otras actividades.
  • Plantear nuevos programas, proyectos y acciones colaborativas que formen nuevos públicos en este marco y metodología.

La revisión de estas estructuras, muestra en muchos casos los paradigmas que hay debajo de la Institución (Museologica, Misión, Visión), la formación profesional y educativa: desde aquellos más tradicionales y jerárquicos; otros, en donde se busca la participación social, más no siempre en ambientes colaborativos; hasta, aquellos que hablan de museos Críticos, Participativos y Sociales, en los que se incluye este formato de trabajo colaborativo.

Son los educadores, quienes pueden y deben tomar la batuta, para ejercer de mediadores o facilitadores en el desarrollo de este proceso, para detonar la construcción del conocimiento, el desarrollo de habilidades cognitivas y sociales al interior de los equipos de trabajo en cada museo. Hacer juntos estos procesos reflexivos, sobre la propia practica museística: curatorial, museográfica, comunicativa, educativa o de gestión, primero para actualizarla y posteriormente mejorarla, a partir de grupos de trabajo colaborativo que tengan puntos comunes en sus diferentes áreas (autoridades de la institución, los diversos colectivos que pueden vincularse con el museo, otras instituciones educativas, culturales y científicas afines). 

El sentido de la pluralidad en los participantes que conformarán el grupo de trabajo, implicará establecer de manera equilibrada la participación de diversas voces, para contrastar formatos de trabajo, plantear en conjunto nuevas alternativas metodológicas, diseñar prácticas concretas, aplicar dichos postulados educativos innovadores en sus actividades cotidianas y plantear otras más de gestión con públicos y museos. “Esta teoría postula que la forma en que ésta se estructura determina la manera en que los individuos interactúan, lo cual, a su vez, determina los resultados”[1]

Si bien es cierto que, normalmente en algunos de los museos en resistencia (pasiva), los profesionales no cuentan con espacios para la reflexión sobre su propia práctica; la vida diaria absorbe la mayor parte de sus horas en el desarrollo de exposiciones y todo lo que ello implica; se trabajan los procesos por departamentos y de manera secuenciada, siguiendo los procedimientos: catalogación, curaduría, museografía, educación, difusión y gestión. En muchos casos, lo procesos de trabajo colaborativo son mínimos o nulos, cada uno se enfoca en cumplir con aquello que le compete y aunque los resultados incluyen procesos muy profesionales y de éxito, pueden ser mejorables. 

También hay que tener claro, si como profesionales del museo se tienen supuestos previos, sobre si los visitantes no pueden hacer un trabajo de este tipo en el museo, que es difícil, que generaría conflicto dentro de las salas, que es difícil que los visitantes sean autónomos dentro del museo. Así como, el miedo de perder formalidad al propiciar actividades participativas, reflexivas, dinámicas, creativas, que detonen el dialogo y la reflexión. 

Si tenemos claro, que durante el proceso nuestros colegas (y nosotros mismos) enfrentamos resistencias, predisposiciones, oposición, desaliento o inacción frente a estos procesos de trabajo y aprendizaje colaborativo(por ejemplo, sobre supuestos de que ya se hace un trabajo colaborativo y ya no habria que perder tiempo sobre esos temas). Hacer frente y abrir la posibilidad de reconocer estas alternativas colaborativas propuestas por los educadores, que invitan a todos a establecer espacios fisicos, tiempos, recursos y metodologías que generen un verdadero diálogo, abierto y firme, así como iniciar procesos de interacción, negociación y reflexión conjunta, en beneficio de las personas que forman la Institución. 

(Driscoll y Vergara, 1997: 91) proponen cinco elementos que son característicos del aprendizaje colaborativo:

 “1) responsabilidad individual:todos los miembros son responsables de su desempeño individual dentro del grupo. 

2) interdependencia positiva:los miembros del grupo deben depender los unos de los otros para lograr la meta común.
3) habilidades de colaboración:las habilidades necesarias para que el grupo funcione en forma efectiva, como el trabajo en equipo, liderazgo y solución de conflictos. 

4) Interacción promotora:los miembros del grupo interactúan para desarrollar relaciones interpersonales y establecer estrategias efectivas de aprendizaje.
5) proceso de grupo:el grupo reflexiona en forma periódica y evalúa su funcionamiento, efectuando los cambios necesarios para incrementar su efectividad”[2]

¿Por qué es necesario que la comunidad museística adopte una cultura colaborativa en el trabajo diario que permita desarrollar nuevas habilidades y propuestas en todos? 

Porque, el trabajo colaborativo se proyecta en acciones concretas hacia los visitantes, considerando éste como una estrategia educativa que permitirá a los educadores, curadores, museógrafos, comunicadores ponerse en un formato horizontal con ellos, en donde también son aprendices (aprenden juntos). Pueden establecer una estructura organizada que permita enfatizar los procesos críticos de los diversos públicos, mejore los procesos de enseñanza-aprendizaje sobre los temas y contenidos y modifique las experiencias la clase magistral del especialista que tanto vemos en visitas, cédulas, museografía, estrategias de visita, recursos didácticos y actividades especiales puedan cambiar.

Desde el paradigma costructivista, se incluyen diversas posturas teóricas, adecuadas al museo, que nos permiten definir de que maneras se puede aprender en el museo: John Dewey con su modelo de instrucción democrática planteo el aprendizaje cooperativo. Lev Vygotzki y sus propuestas de aprendizaje a partir de las interacciones sociales.  Jean Piaget y su ciencia cognitiva, que destaca el desarrollo de las personas a partir de la relación con otros.  Recordemos que “El conocimiento es un producto de la interacción social y cultural,”[3] forma parte del intercambio de ideas, experiencias y reflexiones para hacer cambios de fondo en el trabajo colaborativo.

Una cosa hay que tener clara, es que el trabajo colaborativo va más allá de hacer cosas juntos, implica tener una meta común, donde todos cooperan para su logro. Los procesos sociales colaborativos se dan con otros, donde el museo puede establecer espacios expositivos, visitas, talleres con un marcado clima de dialogo, reflexión, participación, negociación y toma de acuerdos sobre los contenidos, sus observaciones, interpretaciones y formas de aprender. Modelo activo, que permite a los visitantes el desarrollo de habilidades cognitivas: descripción, observación, contraste, seriación, análisis, imaginación; así como las habilidades sociales al comunicarse, escuchar, compartir vivencias y saberes, contrastarlos, revatorlos, negociarlos y ponerse de acuerdo para un fin común. 

El museo posibilita el cambio de las actitudes pasivas y receptivas, las resistencias, la indiferencia hacia otros y la contemplación, por espacios de autoreflexión, empatía, cooperación, solidaridad. Pero, es necesario una actitud valiente de sus profesionales para lograr día a día un museo colaborativo, participativo, en donde las personas actúan, frente a las resistencias todavía existentes de algunos otros museos, permeando cada vez más estas acciones. 

Referencias

Collazos, C; Guerreo, L y Vergara, A. Aprendizaje Colaborativo: un cambio en el rol del profesor. Disponible en http://www.dcc.uchile.cl/~luguerre/papers/CESC- 01.pdf 

Glinz, P . Un acercamiento al trabajo colaborativo.En Revista Iberoamericana de Educación. Disponible en http://www.rieoei.org/deloslectores/820Glinz.PDF. 

Zañartu, L (2003) Aprendizaje colaborativo: una nueva forma de diálogo interpersonal en red. En Contexto Educativo, Revista digital de Educación y nuevas Tecnologías. Disponible en http://contextoeducativo.com.ar/2003/4/nota- 02.htm 


[1]Zañartu, Correa Luz María. Aprendizaje colaborativo: una nueva forma de Diálogo Interpersonal y en Red. Pdf. Consultado el 7 de marzo 2018. http://www.colombiaaprende.edu.co/html/docentes/1596/articles-346050_recurso_5.pdf

[2]Idem

[3]Carretero, Mario  ¿Qué es el constructivismo? Desarrollo cognitivo y aprendizaje”.Constructivismo y educación en: Carretero, Mario. Progreso.México, 1997. pp. 39-71. 

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